El año comenzaba en marzo, con el renacer de la naturaleza y el despertar de la tierra tras el invierno. Ahora bien, para nuestros ancestros, antes del inicio de una nueva creación, el mundo debía regresar al caos primordial para poder regenerarse. Este caos estaba representado por una contienda entre dos bandos: uno simbolizaba el invierno (el pasado) y el otro, la primavera (el futuro). Al ser derrotado el invierno, daba paso a la primavera.
Desde hace varias semanas, voluntarios de cientos de asociaciones vecinales y miembros de los comités de fiestas de numerosos municipios de Europa se preparan para celebrar el carnaval.
Nuestros conciudadanos europeos se disfrazarán, llevarán máscaras, desfilarán por las calles de las ciudades, cantarán y bailarán. Muchos, siguiendo las costumbres regionales, habrán preparado carrozas decoradas con flores y colores vivos, algunas de ellas se verán acompañadas de gigantes y demás personajes con rostros grotescos y morfologías desproporcionadas… En definitiva, nos encontramos ante una forma de exceso y exuberancia. El comportamiento de cada persona durante estas fechas es impredecible e inusual y el disfraz que llevan suele estar en las antípodas de sus propias aspiraciones.
Esta fiesta, que hoy nos parece inocente y festiva (1), tiene un origen lejano con una simbología muy fuerte.
Al elegir llevar una máscara o un disfraz, uno elige cambiar de condición, olvida sus orígenes sociales y se permite, durante las festividades, un “cambio de piel”: los hombres se disfrazan de mujeres, las mujeres de hombres, los niños se conceden derechos de adultos… La elección del disfraz revela lo que llevamos dentro o aquello a lo que aspiramos, pero al mismo tiempo nos cubrimos el rostro. De este modo, no mostramos tanto nuestra personalidad sino la encarnación de un arquetipo social.
Las Saturnales y Lupercales de la Roma antigua, al igual que las fiestas dionisíacas en Grecia, tenían una simbología similar basada en la inversión de roles durante unos días: los esclavos se convertían en amos, y los amos, convertidos en esclavos, los servían en la mesa.
Sin embargo, hay que remontarse aún más en el tiempo para comprender el significado profundo del carnaval, ya que es una de las tradiciones más antiguas vinculadas a los ciclos de las estaciones.
El año comenzaba en marzo, con el renacer de la naturaleza y el despertar de la tierra tras el invierno. Ahora bien, para nuestros ancestros, antes del inicio de una nueva creación, el mundo debía regresar al caos primordial para poder regenerarse. Este caos estaba representado por una contienda entre dos bandos: uno simbolizaba el invierno (el pasado) y el otro, la primavera (el futuro). Al ser derrotado el invierno, daba paso a la primavera.
Con el tiempo, el invierno fue sustituido por un personaje único, llevado en procesión (las carrozas) hasta su muerte simbólica, permitiendo así que toda la comunidad se alineara con la primavera. Este personaje era fabricado en madera o paja con el fin de ser quemado durante estos festines. Hoy en muchas regiones se conoce como “su majestad Carnaval” representado a menudo por un muñeco de gran tamaño (2) , decorado con símbolos de la realeza a bordo de una gran carroza.
Cuando la Iglesia Católica cristianizó el calendario, con sus festividades y rituales asociados, se apropió naturalmente del carnaval, que marcaba la transición entre el final del invierno, caracterizado por una alimentación rica en grasas (Martes de Carnaval), y el inicio del período de ayuno, con el Miércoles de Ceniza, que conducía hasta la Pascua. Así, estas celebraciones y excesos eran los últimos antes de la Cuaresma. De hecho, etimológicamente, la palabra “carnaval” proviene del latín carnelevare, que significa “abstenerse de carne”.
Curiosamente, la tradición de dividir el tiempo en ciclos de 40 días hace que la fecha del carnaval cambie cada año, ya que está ligada al Domingo de Pascua (40 días después del Miércoles de Ceniza), el cual a su vez es una fecha “móvil”, pues se fija el primer domingo después de la luna llena posterior al 21 de marzo.
El carnaval tiene, por lo tanto, dos aspectos fundamentales:
– Es una fiesta que anuncia la llegada de la primavera.
– Es una fiesta-catarsis que permite la inversión temporal del orden social.
Charles Ledoux
Texto original: Institut Iliade
- N. del T. Muchos son los países europeos que siguen manteniendo viva esta tradición, como Italia, con el carnaval de Venecia, Alemania,y su gran celebración en Colonia o sin ir más lejos, el célebre carnaval de Las Palmas de Gran Canaria.
- N. del T. Concretamente estas representaciones podrían ver su homólogo español en las Cremàs de los ninots valencianos quemados durante las fallas, fiesta celebrada al inicio de la primavera.
Foto: Cigarrones del carnaval de Verín. Fuente: Lijarcio/Wikimedia (CC BY-SA 4.0)